Tuesday, November 22, 2005

El agotamiento de las reservas de petróleo y las energías alternativas.


Ahora que el encarecimiento del petróleo está ocupado los principales titulares de las noticias y que el efecto psicológico está despertado un creciente nerviosismo entre los gobiernos de bastantes naciones, las “energías alternativas” emergen como una "inaplazable opción" a la que hay que empezar a desarrollar de manera masiva. Esta clase de energías, también llamadas renovables por los ambientalistas, constituyen el principal oasis de tranquilidad de aquellos que poseen una fe ciega en la suprema capacidad del ingenio del hombre para poner en punto una nueva tecnología que resuelva los enormes requerimientos de energía de la humanidad, ahora que enfrentaremos los desafíos que implica el agotamiento de los suministros de recursos energéticos abundantes, fáciles y baratos, como lo son los del petróleo y del gas.

Cuando se entiende la dimensión del problema que implica, el cenit del petróleo, es curioso, que tanto el ciudadano común, como los líderes políticos de alto nivel, optan por una salida fácil y de poco razonamiento. Cual si se tratase de elevar sus plegarias a la divina tecnología y al sabio ingenio humano, confían en que algo se pueda inventar para que nos mueva de manera masiva, con “energías renovables” o “combustibles alternativos”.

Celdas solares, pilas de combustible con base en el hidrogeno, los molinos eólicos para generación eléctrica, el retorno de lo nuclear, bio-combustibles y demás opciones de la alquimia tecnológica, están tomando un significativo impulso en su desarrollo, por la generalizada preocupación de que pueda fallar el flujo continuo y creciente de petróleo y la sólida estructura que extrae y distribuye los suministros hacia todo el planeta, sobre todo ahora que el encarecimiento del barril de crudo ha llegado a rebasar los 70 dólares para el tipo WTI.

Pero, ¿que tan oportunas pueden ser estas “alternativas energéticas”? La posibilidad de que nuevas fuentes de energía puedan hacerle frente al anunciado declive de la producción mundial de hidrocarburos, es algo que debe ser analizado a fondo, porque del petróleo también depende nuestra capacidad para extraer el resto de la energía hoy utilizamos como el carbón y el gas. La extracción del carbón y la infraestructura de producción de gas no operan sin los equipos que dependen de combustibles fósiles.

El ser humano ha basado confiadamente, el efusivo desarrollo de su colosal sociedad de 6,300 millones de individuos, en el constante y creciente uso de las reservas de hidrocarburos que nos dejo amablemente, la madre tierra, y nunca se ha tomado la molestia de observar, un peligroso proceso que ha estado ocurriendo lenta pero irreversiblemente con sus enormes depósitos de combustibles fósiles, ¡el agotamiento!

Existe un famoso refrán popular que dice; “todo por servir, se acaba”, y eso es lo que paulatina y constantemente le ocurre en este momento, a la “sustancia” mas preciada del mundo industrializado. Los que van entrando en razón y entienden que este proceso nos esta tomando por sorpresa, recurren a la salida mas inmediata que tienen a la mano, para tratar de visualizar una posible solución y continuar alegremente y sin remordimientos, con nuestro vertiginoso estilo de vida moderno.

En los últimos años, las energías alternativas han servido para vender la idea tranquilizadora de que podemos seguir montados en el tren del excesivo consumo y seguir con la fiesta, sin considerar por lo menos un mínimo análisis, sobre si estas flamantes energías, podrán compensar a tiempo, o sustituir el volumen de lo que actualmente devoramos de energía por medio del petróleo. Sin meternos en análisis muy concienzudos ni científicos, y dejando todo en manos de simples operaciones aritméticas básicas, veremos que las cuentas no salen, para lo que pretendemos hacer con las “energías alternativas”.

Veamos: si comparamos el volumen total de todas las clases de energía que hoy consume el mundo, con un bonito pastel de fiesta, tenemos que el señor petróleo se lleva la parte más grande, que representa un 35%. El carbón mineral (otro de los hidrocarburos) se lleva una tajada del tamaño de la cuarta parte del suculento pastel, es decir, un 25% y el gas se lleva una muy buena rebanada de 22%.

Después de que ha pasado la familia de los “hidrocarburos”, solo queda una pequeña parte por repartir, de menos del 20% del pastel. Cualquiera pensaría que a estas alturas, la fiesta ya esta por terminar, pero aun nuestras invitadas especiales, las “energías alternativas”, continúan esperando una probadita del manjar, y a demás, en la lista de los invitados, todavía faltan por pasar más comensales. La señora energía proveniente de la biomasa (aprovechamiento de residuos orgánicos) se lleva un 10%, un elegante señor y muy contaminante, llamado “energía nuclear” se lleva un 7% del pastel y finalmente la señora Doña “energía hidráulica” arrebata con un 2%. Cuando nuestras pobres invitadas, las hermanitas “alternativas”, en las que tanto confiamos, se acercan al pastel, queda una tajada tan pequeña y tan delgada, que casi se puede ver a través de ella. Solo el 0.5% del total del pastel de consumo de energía mundial lo realiza la humanidad a través de este tipo de energía, es por decirlo de otro modo, apenas una pellizcadita (y muy costosa) de la oferta mundial de energía.

Imaginar que a partir de hoy, cuando las energías alternativas solo representan el 0.5% del pastel de consumo energético, puedan saltar rápidamente hacia un 30% o mas de la proporción de la demanda energética mundial, en un periodo de unos 20 años, es sencillamente estar apostando al caballo mas malo del derby en una competencia donde estamos empeñando todo nuestro patrimonio. Es importante considerar también, que estas “energías” se construyen en sistemas que hoy operan con combustibles y partes que se producen con derivados del petróleo. Aquí valdría la pena escuchar a los defensores de las “energías alternativas” que expliquen si la industria que construye celdas solares o molinos de viento, no requiere de derivados del petróleo y combustibles fósiles.

Si la humanidad se dispusiese en este momento a construir toda la infraestructura necesaria para sustituir el volumen total de consumo de energía que proviene del petróleo, se tendría que gastar una cantidad tal de energía que nos obligaría a agotar mas rápidamente el resto de las reservas de hidrocarburos del planeta. Si no se plantea un progresivo abandono del excesivo uso del petróleo en nuestra sociedad, aparejado con el desarrollo de las fuentes alternativas de energías, inteligentes y amigables con el medio ambiente, es probable que acabemos echando mano de las enormes reservas de carbón y regresemos a la era preindustrial de altísima contaminación y precipitemos el cambio climático a una velocidad tal, que hasta los mas radicales ambientalistas se queden boquiabiertos.

La solución a nuestra necesidad de energía en un futuro cercano es incierta. Sin un acuerdo mundial entorno al manejo responsable de la energía y a un consumo inteligente de nuestros limitados recursos, estamos caminando ciegamente hacia un mundo de agotamiento continuo, progresivo e irreversible, en el que será muy difícil prosperar e inclusive sobrevivir
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